
Una señora entrada en años y en carnes se dirige emocionada al frente del grupo entre los aplausos de las asistentes y abraza, con cariño exagerado a la encargada de conducir la reunión, gerente de zona, dicen, es su cargo.
Recibe a cambio una muestra de tratamiento facial para cutis maduro. Feliz ocupa nuevamente su asiento.
Se pide silencio.
Se suceden ininterrumpidamente un ir y venir de mujeres de todo tipo, de todo aspecto.
Las hay jóvenes con injustificado exceso de maquillaje, cuarentonas pegadas a la moda ochentera en cortes de cabello o colores de ropa, madres con vientres prominentes y poleras cortas que no disimulan en lo absoluto aquel exceso de grasa al que ya cantara Arjona ; o señoras mayores y deslavadas cuya única entretención es ir a esta reunión cada veintiún días...
Modelos de mujer, todas, probablemente. De pasarela, ninguna, con seguridad.
Es el día de la madre y como tal, hay que celebrarlo de manera especial.
Primero se da la bienvenida a las consultoras nuevas. Les cantan un par de estrofas cursis con ritmo pegajoso que avergonzarían a la más temeraria.
Avanza la reunión y la hora.
Se promocionan las ofertas y los lanzamientos de nuevos productos.
Se felicita a las más constantes y a las que más han incrementado sus ventas..
Dos amigas cuchichean mientras la reunión se desarrolla en medio de aplausos, grititos y preguntas medio tontonas.
_"Van a hacer un ágape parece...
_Cuándo?
_Después, pa' más remate
_no lesí
_'ta la hueá! que me quiero ir pa' la casa, que va a llegar mi cabro chico de la escuela y el Miguel tiene turno, no va a haber nadie en la casa...
_ chuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!!!"
Pero todas esperan, ansiosas, la sorpresa prometida. La gerente de zona, con muy poco dominio en el uso de un micrófono, avisa, con un tono meloso e intermitente, porque al hacer tantos ademanes se aleja y/o se acerca y se le escuchan sólo fragmentos de su discurso:
"Querí.. ...más .....nemos para ....des una lin.... .....presa!! Nues... .....tente, Ayelén, ...virá un tro.... .....tita y champa... brin...!!
Felicidades, mamitas!!!" (lo pudo decir de corrido probablemente porque ya tenía en la otra mano una copa, como para equilibrar el peso del micrófono de la otra).
Las asistenes, en el clímax de la felicidad, aplauden y gritan.
Mientras terminan de comer muy incómodamente su torta, se hace un nuevo anuncio: "Y para coronar esta tarde, la empresa les obsequiará, junto a las muestras de la fragancia nueva... un catálogo extra por consultora!!! Para que sigan incrementando sus ventas!!!"
"Cantemos, cantemos!!!"
"Y no olviden la próxima reunión de éxito, en la que celebraremos a los papitos!!!"
"Pasen por acá por sus catálogos. Ordenadas, chiquillas, porfa... no! así no les doy nada. Hagan una fila, ya po!!"
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Cada vez que salgo de estas reuniones con una crema de peinar, una colonia o en días de suerte hasta con un reloj en la mano, me voy con sentimientos encontrados.
Por un lado, me alegro y pienso "qué buena onda, este perfume lo vendo y son luquitas extra" O "Ya tengo un regalo para tal persona".
Y por otra parte me da pena.
Pena al ver el rol que cada una de las que estamos ahí jugamos. Pena cuando tomo conciencia de que somos la base de estas grandes empresas multinacionales, como quien dice, "el último orejón del tarro", y sin embargo, quienes les hinchan las arcas.
Pena cuando veo a las mujeres que asisten contra viento y marea, con sus hijitos chicos que lloran, se arrastran o gritan, de aburrimiento, calor o hambre, sólo por la posibilidad de llevarse algún regalito.
Y ahí mismo estoy yo, con pena penísima por mí misma, cuestionándome para qué cresta estudié cuatro años latín y tres de griego si no me sirven más que para entender algunos lemas de los colegios tradicionales de la zona, porque a nadie le he vendido un labial o una crema en modo aoristo.
"LABOR OMNIA VINCIT" dice el blasón de uno en la avenida Libertad. "EL TRABAJO TODO LO VENCE".
Me sacudo la pena y pienso: "Qué tanto? vender productos de belleza también es un trabajo..."
Y le paso raudamente un catálogo a la profesora de mi hija.