viernes, 6 de febrero de 2009

UN DESEO


Tengo la cabeza en cualquier parte, ya ni sé qué día es hoy. ¿Hoy es miércoles?. Sí...

Menos mal que vino él a ayudarme, que si no... a propósito, se lo presento, Claudio, mi hermano.

Es que con todo esto, tan repentino, no supimos qué hacer.

No... ella sólo tenía presión alta, pero el sábado se fue super bien de acá. Dicen que pasó una rabia grande con la hija, es que es tan re malcriada la cabra... la típica, la Lety siempre dedicada a trabajar para darle en todo el gusto y a la chiquilla la crió la abuela.

Parece que pelearon y la hija le deseó la muerte; la abuela también se enojó y ese día la dejaron sola en la casa. Sola sola. Ahí fue que tuvo que ir a la posta porque quedó con su boquita chueca, así, pa'l lado. Y después ya se fue agravando más y cayó en un coma profundo. Le dio un derrame cerebral dijo el doctor.

Yo la fui a ver pero ella no me escuchaba, estaba como dormida. Ya ayer su carita se había transformado y el doctor me dijo que si quería pasar sería sólo para despedirme porque ya no había vuelta atrás...

Y yo lo sentí. Sí, yo supe que se había ido porque anoche se nos apareció acá.

Ahí, en la entrada del bar: Yo estaba aquí mismo, detrás de la barra y me quedé mirando y las chiquillas se dieron vuelta y la vimos todas, así, en vivo y en directo como la estoy viendo a usted ahora.

Estaba vestida igual que el sábado, con jeans y su polerita celeste. Era un cuarto para la una. Justo la hora que ahora me dicen que se fue.

Pero las chiquillas se portaron un siete... ahí sentí el apoyo de ellas, desde el sábado, todas pendientes de este tema...

Y no... no vamos a cerrar por duelo, porque acá hay que seguir trabajando; encima parece que llega un barco con gringos, así que, usted sabe, el show debe continuar como dicen...

Pero sí, la propia hija le deseó la muerte...

Y bué!, Dios sabe por qué hace las cosas... qué calor hace hoy, no?

jueves, 8 de enero de 2009

Diadema del mar


Valparaíso tiene algo inexplicable que me atrae poderosamente.


Voy poco, muy poco, y, sin embargo cada vez encuentro algo nuevo y al mismo tiempo aparecen ante mí fogonazos de memoria emotiva guardada en algún rincón de la mente y del corazón.


Los sonidos de la ciudad me resultan en extremo familiares: los frenos de aire de viejas micros, el suave andar de los trolebuses sobre rieles pulidísimos. Ya llegando al muelle, los guinches, cabos y grúas, el resalto de los camiones cargados sobre los adoquines , el golpeteo de sogas contra el hierro cientos de veces pintado de los buques y las sirenas estremecedoras de algún adiós.


En la plaza Echaurren, creo yo, mi favorita, se produce la mayor de las sinestesias. Todas las imágenes posibles se combinan y giran como gajos multicolores de un gran remolino, una gigantesca falda gitana, un trompo, un girasol superlativo, todo alrededor de la fuente que derrocha frescura a la vista y al oído: pescados, frutas, flores, granos de pimienta negra a granel saliendo de antiguos frascos de vidrio. Borrachos, policías, mujeres de faldas cortas y pantorrillas fuertes, niños bien agarrados de la mano, perros de andar desencajado y vendedores ambulantes enclavadísimos en la misma esquina siempre.


En Valparaíso uno puede encontrar pan caliente en cada cuadra, en cada esquina. El olor de las panaderías lo impregna todo, el calor de los hornos fermentando los panes batidos son un clásico en el plan y en los cerros.


Me gusta Valparaíso, porque aún habiendo sido comparada con joyas, damas marinas y con arco iris de múltipes colores, no se cree el cuento; es humilde. Me gusta porque tiene el desparpajo y la franqueza de la ropa al sol no en el patio de atrás, sino en el balcón del frente si es menester.


Me gusta porque sus callecitas llenas de vericuetos dificultosos son capaces de llevarlo a uno al paraíso cuando se llega a algún mirador o a cualquier esquina privilegiada.


En Valparaíso todas las mujeres somos reinas y como tal, espero tenerte siempre en mi cabeza, diadema del mar.

domingo, 28 de diciembre de 2008

RDE (Reunión de éxito)


Una señora entrada en años y en carnes se dirige emocionada al frente del grupo entre los aplausos de las asistentes y abraza, con cariño exagerado a la encargada de conducir la reunión, gerente de zona, dicen, es su cargo.


Recibe a cambio una muestra de tratamiento facial para cutis maduro. Feliz ocupa nuevamente su asiento.


Se pide silencio.


Se suceden ininterrumpidamente un ir y venir de mujeres de todo tipo, de todo aspecto.


Las hay jóvenes con injustificado exceso de maquillaje, cuarentonas pegadas a la moda ochentera en cortes de cabello o colores de ropa, madres con vientres prominentes y poleras cortas que no disimulan en lo absoluto aquel exceso de grasa al que ya cantara Arjona ; o señoras mayores y deslavadas cuya única entretención es ir a esta reunión cada veintiún días...


Modelos de mujer, todas, probablemente. De pasarela, ninguna, con seguridad.


Es el día de la madre y como tal, hay que celebrarlo de manera especial.


Primero se da la bienvenida a las consultoras nuevas. Les cantan un par de estrofas cursis con ritmo pegajoso que avergonzarían a la más temeraria.


Avanza la reunión y la hora.


Se promocionan las ofertas y los lanzamientos de nuevos productos.


Se felicita a las más constantes y a las que más han incrementado sus ventas..


Dos amigas cuchichean mientras la reunión se desarrolla en medio de aplausos, grititos y preguntas medio tontonas.




_"Van a hacer un ágape parece...


_Cuándo?


_Después, pa' más remate


_no lesí


_'ta la hueá! que me quiero ir pa' la casa, que va a llegar mi cabro chico de la escuela y el Miguel tiene turno, no va a haber nadie en la casa...


_ chuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!!!"




Pero todas esperan, ansiosas, la sorpresa prometida. La gerente de zona, con muy poco dominio en el uso de un micrófono, avisa, con un tono meloso e intermitente, porque al hacer tantos ademanes se aleja y/o se acerca y se le escuchan sólo fragmentos de su discurso:


"Querí.. ...más .....nemos para ....des una lin.... .....presa!! Nues... .....tente, Ayelén, ...virá un tro.... .....tita y champa... brin...!!


Felicidades, mamitas!!!" (lo pudo decir de corrido probablemente porque ya tenía en la otra mano una copa, como para equilibrar el peso del micrófono de la otra).


Las asistenes, en el clímax de la felicidad, aplauden y gritan.


Mientras terminan de comer muy incómodamente su torta, se hace un nuevo anuncio: "Y para coronar esta tarde, la empresa les obsequiará, junto a las muestras de la fragancia nueva... un catálogo extra por consultora!!! Para que sigan incrementando sus ventas!!!"


"Cantemos, cantemos!!!"


"Y no olviden la próxima reunión de éxito, en la que celebraremos a los papitos!!!"


"Pasen por acá por sus catálogos. Ordenadas, chiquillas, porfa... no! así no les doy nada. Hagan una fila, ya po!!"


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Cada vez que salgo de estas reuniones con una crema de peinar, una colonia o en días de suerte hasta con un reloj en la mano, me voy con sentimientos encontrados.


Por un lado, me alegro y pienso "qué buena onda, este perfume lo vendo y son luquitas extra" O "Ya tengo un regalo para tal persona".


Y por otra parte me da pena.


Pena al ver el rol que cada una de las que estamos ahí jugamos. Pena cuando tomo conciencia de que somos la base de estas grandes empresas multinacionales, como quien dice, "el último orejón del tarro", y sin embargo, quienes les hinchan las arcas.


Pena cuando veo a las mujeres que asisten contra viento y marea, con sus hijitos chicos que lloran, se arrastran o gritan, de aburrimiento, calor o hambre, sólo por la posibilidad de llevarse algún regalito.


Y ahí mismo estoy yo, con pena penísima por mí misma, cuestionándome para qué cresta estudié cuatro años latín y tres de griego si no me sirven más que para entender algunos lemas de los colegios tradicionales de la zona, porque a nadie le he vendido un labial o una crema en modo aoristo.


"LABOR OMNIA VINCIT" dice el blasón de uno en la avenida Libertad. "EL TRABAJO TODO LO VENCE".


Me sacudo la pena y pienso: "Qué tanto? vender productos de belleza también es un trabajo..."




Y le paso raudamente un catálogo a la profesora de mi hija.




viernes, 19 de diciembre de 2008

TEMPORADA DE COLEMAN (Con la voz del locutor de Bugs Bunny...)


Llega fin de año y comienzan las salidas familiares al aire libre con motivo de los tradicionales paseos de fin de curso o simplemente para aprovechar los primeros días de sol.


Es conveniente revisar y tener de antemano todo preparado para evitar contratiempos al momento de encontrarse sin los elementos necesarios para pasar un buen día fuera de casa.




1)Buscar el Coleman (heladerita, conservadora) en la bodega, sótano o desván (donde sea que guarde sus cachureos). Seguramente está entre la bolsa con adornos navideños y los disfraces de huaso y china, debajo de la impresora que ya no funciona y que da pena tirar.




2)Abrirlo con cuidado so riesgo de emanaciones químicas poderosas provocadas por algún cítrico convertido en polvo verde, restos de pan o la inconfunible "sputza" de huevo duro.




3)Limpiar cuidadosamente. Lavar con agua y detergente, secar y pasar un paño con cloro o desinfectante. Airear al sol un rato. Tómese un descanso mientras se pone a...




4)... Contar platos (considere siempre alguno de más para usar como fuente ya sea para la carne o ensalada) y cubiertos (aunque prácticamente nadie toma sopa, las cucharas son útiles para la misma ensalada anterior o para revolver el té de la tarde), vasos en cantidad si son desechables (siempre se dan vuelta o se vuelan), servilletas y/o toalla de papel (utilísimas para secar mesas, limpiar manos, caras, resfríos incipientes o pises aguantados hasta último minuto).




5)Sal, aceite, vinagre o limón, papel de diario, carbón, fósforos.




6)Bebidas: Todas las que pueda. Nunca alcanzan. Las alcohólicas en proporción directa con el café. Está comprobadísimo (por mí misma) que al aire libre aumenta la sed (la de mi marido al menos) en progresión geométrica.




7)Hielo: para mantener frescos los alimentos y bebidas, para un golpe, para chupar cuando el calor arrecia, para ponerlo en la espalda de alguien cuando esté distraído, para el copete.




8)Algo dulce para la tarde, porque es típico que después del asadito atacan las ganas de algo rico para acompañar el cafecito (considere el termo con agua caliente) o el mate (en mi caso, no olvidar yerba ni edulcorante ("siempre es menos, Paola").




9)Radio, cartas, cachos, pelota, cuerda para saltar, bicicletas, diario (del día, el anterior era para hacer el fuego), gorritos, lentes de sol, bloqueador (muy recomendable el FPS 30 Fotoequilibrio de Natura- pinchar aquí: http://www.natura.net/), ropa de recambio/abrigo para los niños, repelente de insectos, cámara fotográfica, Disfruta o Eno, paracetamol.




10)Si después de organizar esta serie de elementos BÁSICOS E INDISPENSABLES para el día fuera de casa, les queda tiempo ¡DISFRUTEN AL AIRE LIBRE!




11)No me digan que no les sirvió!!.


si necesitan ayuda con el transporte de toooooodo esto, les paso un dato:




MUDANZAS "EL CENTAURO"




Díganle a Don Héctor que van de mi parte. Seguro les hace un descuento






viernes, 12 de diciembre de 2008

Deontología profesional

¿Será acaso que en el rubro de la peluquería no existe?
¿Qué pasa con la responsabilidad de aquél que se mete a hacer algo que no domina, algo de lo que no es capaz?
¿Dónde quedó la dignidad de mis chascas irregulares pero que a fuerza de pinches, cremas para peinar y otros trucos, parecía ordenada???
Y por qué, Dios mío, por qué sigo confiando en manos desconocidas, por qué no puedo ser como todas las mujeres a quienes les preguntan "¿quién te atiende?" Y saben exactamente, quién, dónde, días y horas... yo nunca sé eso. Nada de eso. Yo confío en que si trabaja en una peluquería es porque sabe... y allá voy exponiendo mis mechas a quien se me cruce, y acá estoy ahora, gimoteando y esperando (otra vez!!) a que mi pelo vuelva a crecer...

martes, 9 de diciembre de 2008

Viña del Mar, lado B




Claro, había quedado medio inconclusa esa cosa del lado A de Viña, sin un lado B. Simplemente, la vorágine diaria, la alta frecuencia vibratoria que sacude al tiempo que vivimos y los compromisos ligados a la finalización del año hicieron que no quedara tiempo disponible para enhebrar estas ideas que se plasmaron en mi retina cual postal pintoresca que se vende en esos soportes giratorios en los kioskos de revistas.






Al día siguiente del ballet, después de haber llegado a la meta teletonesca, salimos con mi familia a dar la vuelta de rigor por el mall de Viña, con el objeto de pagar una cuenta, vitrinear un poco (muy poco diría yo con mi marido impaciente al lado resoplando todo el tiempo) y justificar un almuerzo fuera de casa.



Así partimos directamente a un lugarcito muy simpático a simple vista, con tres mesitas en la vereda ubicado en 2 ó 3 Oriente. Bajamos del auto y fuimos a echar un vistazo, se veían tentadores pollos dorados, perfectas papas fritas y un costillar suculento. No era muy variada la oferta, pero estaba bien para nuestro gusto. Pedimos a la dueña poder sacar una silla más afuera, hasta ahí, todo bien. Nos sentamos esperando que nos tomaran el pedido.



Me entretuve escuchando los comentarios que hacía una rubicunda señora con aspecto alemán sobre las historias de la teletón, cómo se había emocionado con todas, desde la primera hasta la última mientras horadaba con perfección quirúrgica su jugoso costillar.



Nos dio frío esperando en la veredita simpática. Nos dio lata seguir esperando en la veredita simpática. Nos levantamos y nos fuimos de la veredita antipática.



Adónde ahora? No queríamos ir al patio de comidas...



Al mismo tiempo nos acordamos, mi marido y yo, de esa primera cuadra de la calle Valparaíso, entre Von Schroeders y Traslaviña, siempre hay alguna picada por ahí. Allá fuimos.



Acá no había vereditas simpáticas, más bien, un acomodador de autos bastante déspota que nos hizo cambiar de estacionamiento a su criterio.



El lugar tenía unas cuantas mesas humildemente vestidas y acomodadas a la fuerza, de manera de aprovechar al máximo el espacio. Un pendón publicitario de cerveza fue colocado de manera horizontal en la parte superior de la puerta que daba a la cocina, espacio insuficiente para el diseño original del mismo: vertical.



Una familia completa de peruanos esperaba en la mesa privilegiada al lado de la ventana. Una pareja mayor con pinta de milonga trasnochada aguardaba en silencio y en una mesa dispuesta especialmente para el grupo una serie de personajes nocturnales dispuestos a componer el cuerpo con el suculento menú que ofrecía la casa. Así se veían desfilar pocillos con consomé, platos con cazuelas de carne o lomo a lo pobre entre el griterío emocionado de las mujeres con maquillaje corrido y cabellos de todos los colores imaginables entre el amarillo y el rojo. Minifaldas que bien podrían describirse como maxicinturones que no alcanzaban a cubrir ni las partes más pudendas.



En medio del jolgorio dominical, nosotros, esperando nuevamente por nuestra comida.



Un par de moscas danzaban eróticamente en el medio del lugar al ritmo de un reggetón gomoso que se escuchaba en la radio.



La señora que nos atendía era bastante entrada en edad, con un delantal pringoso y pañuelo amarrado en la cabeza. Le trajo a mi marido la cerveza que ella quiso, nunca la pedida.



Mi hija menor dio vuelta su bebida en la espera (es un sello de ella) y al fin llegó a nuestra mesa llena de servilletas de papel húmedas y teñidas de color café, una gran fuente con chorrillana humeante. Personalmente hubiera dejado dorar un poquito más las papas, pero el cocinero (que no me parece que le diera la talla para chef, aunque qué es un chef sino un cocinero en calidad de jefe, y éste al estar solo, y sólo por su condición solitaria se convierte en uno) estaba sobreexigido con la cantidad de pedidos. Al principio, dado nuestro apetito de tanto rato, ya a esas alturas convertido en hambruna, el picoteo fue incesante. Luego ya, sin prisa fui descubriendo los defectos. Después planté el tenedor al encontrar el pelo de rigor. Y no pude comer más.



Una mujer joven y dos muchachos se unieron al grupo grande pero como ya no había más espacio, se sentaron en una mesa contigua. Los hombres rodeaban alternadamente la espalda de la joven enfundada en ropa apretadísima color blanco. Gritaban de una mesa a otra. Los últimos no tuvieron la paciencia suficiente, se pararon y se fueron abrazados los tres con la mujer en el medio.



En ese momento pensé que no hay nada mejor que quedarnos a comer en casa los domingos.



Al menos sé de quién es el pelo.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Lo que dice una madre esperando ver a su hijo en un presidio sobrepoblado


Al principio me la lloré toda... triste, no hacía más que estar echada de un lugar a otro...


pero ahora no, tengo siete hijos más de quiénes preocuparme, si esto le pasó de puro porfiado al cabro hueón, por dejar botada la firma en el juzgado, había logrado el beneficio, pero se lanzó una noche y no llegó a firmar, pasó el tiempo y pum! control de identidad y pa' dentro de nuevo... si es muy porfiado el cabro hueón...


Y yo le digo, mira que la vida está muy cara afuera, si estuvierai en la casa te doy un plato con puré, pero acá tengo que traer tres kilos de papas, en la casa si se compra bebida, con suerte es una botella, pero acá tengo que traer seis litros, para él y su grupo... y le pregunto cómo estai? bien, mamita, me dice él... bien encerrao conchetumare!!!! le digo yo...


Si cuando era guagüita estuvo muy enfermo, tenía los tendones cortos y sus manitos recogidas así... lo operaron pero al tiempo le dio septicemia y estuvo grave, muy grave, así que yo hice una manda a la Virgencita pidiendo por su salud y su vida...


Mejor hubiera sido no pedir nada, que al cabro culiao le quedaron los tendones bien largos y por eso está acá ahora!!!!